Concurso aniversario: Gana el precioso libro El Mar en Manuela

IMG_4201por magdalena

La semana pasada tuvimos la suerte de acompañar a Andrés Kalawski en el lanzamiento de su libro El Mar en Manuela y, por lo menos a mí que he visto y leído varios cuentos y obras de teatro escritas por él, este libro es mi favorito.

La verdad es que el trabajo realizado por Kalawski junto a la ilustradora Andrea Ugarte es una obra perfecta en su conjunto, en que ni el texto, ni la ilustración lograrían una historia tan bonita si no fueran de la mano.

Si bien es una historia sencilla cuya única locación es el baño de una casa de playa, el relato es cercano a los niños desde temprana edad, pero a la vez el retrato de las emociones de la niña y la fantasía que describe amplía su público y lo hace llegar a niños más grandes e incluso adultos. O al menos eso es lo que me ha pasado a mí con mis hijas.

Y para seguir celebrando nuestro aniversario tenemos este lindo libro para regalar entre quienes comenten y nos cuenten cuáles fueron sus mejores veraneos cuando eran chicos. Puedes concursar hasta el viernes 7 de noviembre hasta las 23.00 horas. Los ganadores serán notificados por email y deberán retirar su premio en Providencia. Suerte!!!

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9 COMMENTS

  1. Hola! Mis mejores veraneos cuando niña fueron en la playa cerca de San Antonio, ya que invitabamos a los tios y primos, arrendabamos una casa grande, y pasabamos todo el día comiendo frutillas con crema! También ibamos a recorrer el sur, desde Temuco a Puerto Montt, pasabamos por Pucón, Valdivia, Puerto Varas, etc, también con mis dos primas mas cercanas.

    Me encantaría ganarme el libro para mi hijita Florencia, de 5 años, que sin duda lo pasa igual de bien en sus vacaciones, todos los años va 2 semanas a acampar a Panguipulli, y luego conmigo va a la playa…

    Saludos

  2. Mis mejores veranos eran en el campo, la tranquilidad que da es increible, con mis abuelos y mi mama, era el mejor tiempo pq ni mi mama trabajaba ni mis abuelos, solo era disfrutar. Saludos diente de leche y feli idadees!!

  3. Las mejores sin duda fueron de los cinco a los ocho años en el campo, con mi prima. Eran dos meses de jugar sin parar, comer fruta fresca, columpiarse en el sauce, y usar la imaginación al 1000%. Me acuerdo una vez que con mi prima nos subimos a un sillón verde viejo a la espera de un viento fuerte que nos llevaría a otros países. Hasta echamos mantas y comida por si nos daba frío y el viaje se hacía muy largo. Jurábamos de verdad que nos iba a resultar.

  4. Mis veranos de niña siempre fueron en el campo de mis abuelos junto a todos mis primos, mis padres nos iban a dejar en enero y nos buscaban en marzo. Los paseos en caballo, bañarnos en el rio y comer cosas ricas siempre estarán en mi recuerdo. Hoy con mis hijos de 1 y 3 años seguimos visitando en época de fiestas patrias el lugar y me llena de alegría cuando persiguen a las gallinas como lo hacia yo.

  5. cuando era niña mis abuelos iban a la playa por un dia y yo los acompañaba, me compraban palmetiras, helado, dulces… ufff como chanchiaba a la orilla del mar…

  6. Mis mejores veraneos fueron las veces que con mis papás y hermanos fuimos a acampar al sur. La sensación de libertad del camping, del cambio de rutina, de salir a pescar con mi papá y el contacto con la naturaleza son de los mejores recuerdos de mi infancia. recuerdo con especial cariño una vez que fuimos a un lugar al interior de Chillán que se llama Recinto, donde a pesar de que no todo salió muy bien (se nos llovió la carpa, quedó en pana el auto y nos robaron), lo pasamos increíble.

  7. El durazno tiene sabor a “Ramón Ángel Jara 473”, a
    la antigua casona del barrio Brasil, en la que con mis hermanas pasábamos las
    tardes de verano viendo tele en blanco y negro, esperando que el sol iniciara
    su retirada, para salir a la calle a jugar con los vecinos. Tiradas sobre el
    piso de madera de nuestra pieza, absortas por el calor y los monitos animados,
    chupábamos los cuescos por largo rato y les sacábamos los restos de comida con
    un alfiler. Para allá viajo cada vez que masco un nectarín, pero de esos de
    feria, no de supermercado.

  8. AWWWW.. mis mejores veranos fueron en la Serena.
    Con mi familia, mi nana y su familia, mis abuelos, los amigos que teníamos allá.
    Haciamos camping y era maravilloso jugar a ser exploradores, ir a las fogatas en la playa, reír eterno en la playa, encontrar caminos, paseos de excursiones, el abuelo contándonos historias, comiendo cosas ricas en las noches, mis primeros besos de adolescencia, morir de miedo en la dentro de la carpa cuando escuchábamos ruidos afuera, aguantarse el pipí hasta la mañana siguiente con tan de no ir de noche a los baños, lograr un tostado fascinante, jugar, pelear….
    Miles de historias… miles de paseos, años consecutivos de alegría, esperando todo el año las vacaciones en Serena.

  9. En 1988 me regalaron un Personal Stéreo. Tenía 10 años y eso me bastó para ser feliz. No salí de vacaciones a ni un lado, nos quedamos ese verano en la casa porque mis dos hermanas eran guaguas y porque seguro no teníamos ni un duro. De algún lado saqué un casete de Los Prisioneros que adelantaba y retrocedía con un lápiz BIC para no gastar las pilas y porque me había pegado con el “We are Sudamerican Rockers, we are Rock and Sudameriquein”. Con la canción en las orejas, agarraba una escoba y hacía como que era una guitarra frente al reflejo de la ventana. Para capear el inmenso calor, me manguereaba a mí misma y tomaba café frappé (hielo, azúcar, nescafé) igual como salía en una propaganda de la tele. Mis hermanas chicas, las guaguas, me miraban divertidas chupando su chupete. Querían manguereo, querían café y querían rock. Así que les tiré agüita y puse el casete en el mini componente con el volumen a todo chancho. Café no les di. Nunca tanto.

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