Seleccionar una persona que cuide a nuestros hijos

cuidadoniñospor Paula Sanguesa*

Me demoré mucho en escribir este post, y tuve que escribir y reescribir mis ideas varias veces antes de terminarlo, lo que pienso, es un fiel reflejo de lo complicada que es esta decisión. “¿Cómo saber con quién dejar a nuestro hijos?”, “¿con qué criterios escoger ya sea un jardín infantil, nana o niñera?”. Excluyo a los familiares cercanos pues a estas personas los papás suelen conocerlas bien y, pueden ellos mismos juzgar, si creen o no será un buen(a) cuidador(a) para su hijo(a)s.

En el último año, me he encontrado asesorando a diferentes familias con este tema, y si bien no hay una fórmula infalible, existen algunos criterios que creo pueden serles de utilidad para evaluar los candidatos que tienen en mente (entendiendo que de todas maneras nunca podremos delegar nuestro rol en un tercero y que siempre debemos estar atentos). Dentro de ellos están:

• El potencial de este adulto de generar un vínculo afectivo con nuestro hijo(a) (que se lleve bien con él/ella, que lo estime, que le agrade compartir tiempo con él/ella). Durante las entrevistas, los padres pueden intentar identificar la disposición positiva al trabajo con niños, preguntando por otros niños con los que ha trabajado, lo que recuerda de ellos y de sus familias, y desde ahí, evaluar la capacidad de hablar con cariño y rescatando elementos positivos de esa relación. Esto, también puede y debe ser constantemente contrastado por los padres en las reacciones de sus niños a estas personas. Ver si muestran actitudes afectivas hacia ellas, por ejemplo, cuando llegan o se despiden si le sonríen, abrazan o besan, si se queda tranquilo(a), si busca interactuar con ella, si habla con cariño de esta persona, etc. o si por el contrario tiene manifestaciones de temor, pena, rabia o neutras, que podrían reflejar lo que pasa en esta relación cuando nosotros no estamos presentes.

• La habilidad de ser empático con sus emociones y necesidades y que sus reacciones vayan acorde a su edad (que se pregunte qué es lo que está sintiendo y procure generar un clima agradable con él/ella, que se muestre disponible a calmarlo y a ayudarlo cuando lo necesita, que logre equilibrar la necesidad protegerlo pero al mismo tiempo de potenciar su autonomía y capacidad de crecer). En esto es muy importante el tomar como referencia, cómo nos sentimos nosotros mismos como adultos en la entrevista y en el contacto cotidiano con esta persona. ¿Nos sentimos considerados, cómodos y respetados en esta relación o tenemos más bien una sensación de ser ignorado o de hostilidad (muchas veces encubierta)? También se pueden hacer algunas preguntas, como por ejemplo, que nos cuente alguna situación en la que un niño a su cuidado lo haya estado pasando mal y cómo lo manejó, buscando identificar su capacidad de reflexionar sobre las emociones de este niño, y su efectividad a la hora de empatizar con su posición.

• Manejo de sus propios estados emocionales negativos (qué no se desborde ni actué sus penas o rabias con los niños, ya sea transformándolos en sus confidentes, pegándoles, etc.). Este debe ser uno de los aspectos más complicados y relevantes a considerar. Pero, nuevamente, podemos considerar algunos elementos de cómo nosotros mismos como adultos nos sentimos. Así, esperaríamos que en la entrevista, las personas que estamos evaluando, tengan la capacidad de controlar sus emociones, y no, desbordarse, por ejemplo contándonos aspectos muy complicados de su historia sin conocerlas mayormente, o mostrar señales de enojo-molestia evidentes con nosotros o a raíz de otros temas que señalen en la entrevista. También es bueno preguntar por experiencias pasadas en este sentido, y por sus creencias respecto a cómo educar a los niños y formas de poner límites y castigos.

Finalmente, quisiera subrayar además, la necesidad de mirar a nuestros niños y creer en sus señales. Un niño que cambia repentinamente su forma de ser y nos comienza a preocupar, está reaccionando a algo que ocurre de manera real en su vida. Y esto, puede tener que ver también con lo que pasa con su cuidador, aunque por culpa, miedo o simplemente por creer que son “mañas normales”, podamos negarlo por un tiempo. No digo que siempre sea el caso, ni que debamos vivir con desconfianza, pero son cosas que si ocurren y a las que hay que estar abiertos a detectar.

*Paula Sanguesa es Psicóloga UC, tiene un postítulo en Psicoterapia Sistémica para Niños y Adolescentes en la UC y es Magister en Psicología, mención Psicología Clínica UC. Si quieres contactarla puedes escribirle a psanguesa@psicologoscrece.cl

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