¿Cómo corregir sin dañar la autoestima?

autoestima.jpgpor Paula Sanguesa*

Es imposible no equivocarse. Todos lo hacemos. Parte del desarrollo de la salud emocional consiste en aprender a reconocer este hecho sin desmoronarse, ni angustiarse, aceptando nuestros errores como oportunidades de aprendizaje. Esta confianza básica es el pilar de la autoestima, pues solo una persona con buena autoestima es capaz de reconocer que se ha equivocado sin sentirse amenazado.

Si bien desde el conocimiento popular la autoestima sería algo así como “quererme a uno mismo tal cual soy”, desde el conocimiento psicológico es mucho más que eso. La autoestima consiste en tener la convicción de que uno cuenta con las habilidades necesarias para pensar, aprender, decidir y resolver las dificultades de la vida y la creencia de que uno tiene el derecho a ser feliz y, por lo mismo, obtener y sentirse orgulloso por logros propios, sentirse querido por amigos y familia, disfrutar de la vida, etc. Lo que en la literatura se conoce como “autoeficacia” y “respeto por uno mismo”.

Si se mira desde esta perspectiva, la preocupación de muchos papás y mamás de dañar a sus hijos cuando se les debe corregir (y desde ahí la tendencia a quedarse paralizados ante la duda de hacerlo o no hacerlo), puede ser repensada en cómo hacerlo de una manera que potencie su autoestima. Para esto es útil recordar:

Separar la conducta equivocada de la identidad del niño: “Eres malo, flojo, tonto, etc.” es una sentencia para el niño, lo anula y paraliza, lo transforma en un indeseable. “Te equivocaste en pegar a tu hermano, en estudiar poco para la prueba, etc.” permite contextualizar la falta y otorga la posibilidad de hacer algo al respecto para remediarlo.

Ofrecer un espacio para que el niño reflexione y se haga cargo de buscar alternativas, antes de otorgar la respuesta correcta: Preguntar al niño, qué sintió qué lo llevó a actuar así, por qué cree que está mal lo que hizo, qué haría distinto si vuelve a pasar y qué opciones tiene para remediar el daño causado, le
permite activar sus propios recursos para hacer frente a las dificultades y buscar alternativas. La mamá y el papá pueden funcionar en este sentido validando las emociones y mostrando también alternativas cuando al niño no se le ocurren: “Está bien que te de rabia que no te haya prestado el PC, pero pegarle por eso no está bien… ¿qué se te ocurre podrías hacer la próxima vez?, ¿qué podrías hacer ahora para solucionar la pelea con tu hermano?”

Recordar momentos de logro y éxito pasados: Ayuda a transmitir al niño el mensaje de que él ha sido capaz en otros momentos de hacerlo bien en circunstancias parecidas.

Reconocer cuando uno como adulto se ha equivocado y enseñar con el ejemplo: Incluso cuando no somos capaces de manejar nuestra rabia a la hora de corregir a nuestros niños y nos dejamos llevar por ella, podemos potenciar la autoestima de nuestro hijo reconociéndole que no estuvo bien lo que hicimos, disculpándonos y mostrando cómo pensamos manejarlo a futuro, para luego retomar a reflexión sobre su conducta. Esto le muestra al niño un modelo de adulto con la suficiente autoestima como para reconocer que se ha equivocado y que además lo valora tanto como para hacérselo saber.

*Paula Suanguesa es Psicóloga UC, tiene un postítulo en Psicoterapia Sistémica para Niños y Adolescentes en la UC y es Magister en Psicología, mención Psicología Clínica UC.

Link foto: Nattu

5 COMMENTS

  1. Qué ganas me dan de saber tanto de estos tema!!! siempre ando buscando lecturas q avalen o contradigan lo q pienso y hago frente a mis hijos. Un gran aporte leerte Paula Suanguesa.

  2. Maravilloso aporte, super preciso!!!
    me encantó, gracias al equipo dienteleche, espero leerte mil veces mas hablando de estos temas, y mil mas.

  3. Paulita, que cierto lo que enseñas!!, aunque es difícil hay que practicarlo, un agrado leer lo que escribes, cariños!

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