Ese calvario llamado Curso de verano

piscina
por Vadim Vidal

Mucha gente se queja del black no se qué o del cyber no sé cuánto, o que la página se cayó y no se pueden canjear no sé qué entradas o que el sistema colapsó y cómo tan mal hecho todo y que lata esperar y que estamos en la UP virtual y que todo es hacer cola en el cyberespacio. Yo les pregunto: ¿han intentado matricular en un curso de verano a sus hijos? Pues no saben lo que es la burocracia.

Último viernes del año, 7:30 AM. Voy camino al centro deportivo municipal que queda cerca del departamento. Voy en bicicleta porque vivo en Providencia y todos en Providencia odiamos los autos y andamos en bicicleta. Y como tal, pedaleo por la vereda porque cuando los de Providencia nos subimos a nuestras bicicletas nos transformamos de inmediato en dueños de las veredas (sarcasmo).

Voy a inscribir a mi hija en natación. El verano pasado la pusimos en un estadio de colonia y le gustó mucho y llegaba muy cansada y vivíamos lindas tardes de padre-hija. Las que consistían básicamente en entregársela al profesor y sentarme en el pasto a leer una novela (los papás muy partícipes son el enemigo número uno de todo profesor). Luego compartíamos nuestros sanguches de queso en pan de miga mientras veíamos cómo los niños más grandes ensayaban los garabatos que habían aprendido esa tarde en el campamento de verano.

Era un bello lugar, repleto de gratos recuerdos, pero costaba tres veces lo que una piscina municipal. Así que por eso me desperté muy temprano para llegar primero y matricularla.

Antes, busqué todas las opciones. En el club comunal no quedaban cupos desde hace un mes. En la otra piscina, me dicen que tendría que ir todos los días para ver si algún chico desiste en el intento y deja una vacante libre. Pero que de todas maneras, el día 2 de enero puedo ir para inscribirla para marzo.
Las otras alternativas (una temperada y el mismo estadio de colonia) son inalcanzables para economías familiares inestables como la nuestra.

También están los campamentos de verano. Los que eran de mi completo agrado en un principio, pero consultando a fuentes ligadas a esta redacción, suponían tardes de calor intenso, dinámicas inarticuladas y chapuzones esporádicos en una piscina para todo público. Lo que no es del todo malo, sino fuera porque los monitores andan más preocupados de responder al chat de sus teléfonos que de nada más. Eso, repito, según fuentes que no puedo revelar.

Finalmente llego 10 minutos para las ocho. Hay algunas mamás por ahí. No muchas. Saco número y soy el 13. Sí, doce personas llegaron antes que yo, algunas fueron a comprarse un café al negocio de la bomba de bencina de poco más allá. Bueno, de hecho era el 12, pero entré a la oficina equivocada y una señora con tres hijos me ganó el puesto. Si quedan menos de catorce cupos, puedo darme por liquidado.

Primer viernes del año, 15:30 hrs. 34 grados a la sombra en la capital. La piscina es celeste, olímpica y temperada. No hay pasto, wifi ni cafetería. Los padres observamos a nuestros hijos en las graderías del segundo piso. Vuelvo sobre un punto, la piscina es temperada, hay unas cañerías color verde que recorren la parte alta del recinto techado echando vapor cálido al ambiente. Es un sauna.

Abajo, mi hija queda en el grupo de los primerizos. Me divisa y la saludo. Sentada al borde, chapotea con los pies durante algunos minutos. Detrás suyo un niño no se atreve a poner los pies en el agua. Su mamá (habemos solo dos papás, uno que viste de riguroso negro y yo) debe sudar frío en alguna de las escalinatas. Al rato, la Lupe, mi hija, se aburre y se va al grupo intermedio. Me recorre una sensación de justicia. Subo hasta dar con un filón de aire que entra desde la puerta y saco el libro que elegí para el curso de este verano.

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2 COMMENTS

  1. Ya me sonaba conocido y no había reconocido a Pisani! 🙂 como crecen los niños!

    Por suerte en el jardín de mi hija tienen taller de verano, y juegan a todo un poco, sin recalcar contenidos… y algunos días se manguerean para hacer algo distinto… Y el próximo año mando a los 2, antes que ella entre al colegio (pero ya me veo persiguiendo cupo en algún taller, uff!)

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