No gritar, una meta personal

orangerhino
Por Cux

El fin de semana me encontré con un artículo que debí haber visto hace mucho tiempo, pero que por alguna razón sólo leí hace tres días, y que por suerte llegó a mi.

Hace un rato, me estaba dando cuenta que me estaba transformando en una mujer gritona, o francamente que me había vuelto “la-loca-gritona-de-la-casa-de-ladrillos”, con mis hijos, con mi pareja, con todo lo que me alterara incluso en lo más mínimo. El tercer trimestre del año, los tres niños, la pega, el colegio, la plata, la dieta, etc. estaban haciendo que mi tolerancia y mis niveles de paciencia se vieran sobrepasados muy rápido.

El artículo que leí en La Tercera corresponde al blog theorangerhino.com donde una madre de 4 hijos asumió como meta personal no gritarles durante 365 días. Basicamente porque ella le gritaba a sus hijos mucho más de lo que ella quería. Quiso transformar su desafío en un blog. Lo que partió en Enero de 2012 hoy tiene miles de fanáticos, miles de mujeres que creen lo mismo y que se apuntan con este desafío. En el blog la madre da cuenta de cómo pasaron cada uno de sus días, -ya lleva 566-, da tips de cómo lograrlo, dice que compartas tu obejtivo -lo que estoy haciendo yo, ahora- para que sea más real y no solo una idea efímera. Para tomárselo en serio hay que seguir varias reglas que cada una puede tomar o dejar con tal de lograr el objetivo.

Livianamente me parece una obviedad, obvio que no quisera gritar nunca, sé todo lo malo y todo lo no bueno que puede hacer gritarle a cualquiera, y con mayor razón a un niño, sin embargo lo hacemos, lo hago. De verdad es algo que me tenía muy mal. Una de las cosas que me pone mal en la vida es cuando alguien me grita, cuando un automovilista me degrada con sus agresiones verbales, entonces cómo creer que esto no afectaría a otros, a mis hijos!!!

Yo no sé si son estos tiempos de cambio de ciclo, como la primavera que viene, el fin de año, mi cambio de folio, o la vida misma, lo que me hace pensar y querer tener una mejor vida, una mejor calidad de vida, haciendo cada día más cosas que me gustan mucho y dejando de hacer las cosas que menos me gustan. Esto tan obvio a simple vista, no me estaba haciendo mucho sentido con mi vida real, yo también estaba gritándoles mucho más de lo que quisiera. Y coincido plenamente con esta mujer en las 10 cosas que aprendí cuando dejé de gritarle a mis hijos.

Yo ya tome el desafío, empecé el sábado y ayer lunes entre la comida, baño y pijama fue lejos el momento más difícil, pero lo logre. Prometo contarles si caigo, espero que no sea luego.

4 COMMENTS

  1. Los gritos en mi vida son tan frecuentes… pero porque mi mamá grita, mis hermanas son gritonas, creo que algun gen italiano debe andar dando vueltas por ahi… la cosa es que yo no grito nunca, salvo cuando me estoy megariendo y estoy feliz, que se me sube el volumen. Bueno, asi era hasta hace un tiempo, y empece a gritar y cache que algo no andaba bien… mi yo interno me gritaba algo, le hice caso, y bueh, ahora ya no grito… otra vez.
    Igual ahora a mi porota la ve mi mamá (en su casa y junto con ver a mi hija ve a mi sobrina) y la gorda esta mas gritona… asi que estoy aplicando la tecnica de que cuando me grita hablo despacito y le digo “si gritas no te escucho” y ahi para y me habla a un volumen normal…

    eeee… eso, jajaja…

    suerte cux

  2. Yo el lunes fui “dada de alta” de mi terapia con el psicologo porque, entre otras cosas, estaba muy enojona, gritona, gruñona con mis hijos, tanto que ellos se deban cuenta. Fue la mejor decisión que pude haber tomado, destapamos muchas trancas, frustraciones y cansancios que tienen que ver con la vida que llevo y no con mis hijos. Ahora me siento mucho mejor mamá, más feliz, con ganas de jugar y de pasar tiempo con ellos, como efecto secundario los gritos han disminuido enormemente y los momentos de estres (pijama, levantarse, comida,etc) ya no lo son tanto.

  3. Sin leer el artículo había iniciado mi mini campaña de no gritos en la casa. A ratos es bien difícil, porque yo te soy gritona por naturaleza, pero cuando les digo a mis hijos “no grites, yo no te grito a ti” y ellos comprenden y se calman me doy cuenta que todo vale la pena.

  4. Te felicito de corazón, creo que se requiere harta valentía para aceptar que lo que uno está haciendo puede dañar a los otros y más todavía para hacer esfuerzo reales para cambiarlo! Porque pucha, razones y excusas para perder la compostura siempre hay, más con cabros chicos. En mi casa éramos 4 hijos, todos muy seguidos, y en retrospectiva no puedo sino entender y no juzgar a mis pobres padres, pero tampoco olvido el terror y desamparo que sentía cuando mi cariñoso papá se convertía en un energúmeno vociferante que gritaba con verdadera ira por cosas tan simples como que se me dio vuelta un vaso en la mesa. Tengo 30 años, y hace poco descubrí conversando con ellos que los dos todavía guardaban culpa por haber sido, en sus palabras, “impacientes y gritones” con nosotros…

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